NOCHECITAS EN EL ANCHI

La experiencia comenzó en el interior del Centro de Formación Ambiental Anchipurac con una visita inmersiva guiada. El público se organizó en dos grupos, atravesando cinco estaciones interpretativas. Desde el inicio, el asombro se hizo presente; los niños, curiosos y atentos, participaron con entusiasmo, y los adultos se dejaron cautivar por la propuesta. El recorrido culminó en el auditorio con un viaje por el cosmos que generó un fuerte impacto emocional, consolidando la experiencia inmersiva como una potente herramienta de divulgación científica.

El recorrido continuó en el foyer, donde la ciencia dio paso al disfrute sensorial. En la barra de degustación, los sommeliers Silvio Damián y Lucía Poggio, de Bodega Argus, guiaron al público a través de un relato cercano y envolvente. Las copas acompañaron la noche con el Malbec en barrica del Valle de Pedernal, intenso y profundo, y la frescura de la línea joven Detonados, con Moscatel Dulce y Pedro Jiménez, que se integraron de manera armónica al momento. Esta pausa de aromas y sabores aportó terroir, calidez, complementó la experiencia y encendió la noche.

Acompañando nuevamente, Cielos de San Juan, de José Valverde, con su experiencia desde la astrofotografía. Su nuevo trabajo sobre la Vía Láctea en San Juan invitó a mirar el cielo con otros ojos y a dialogar sobre su trabajo más reciente.

El momento más esperado llegó en el sector exterior, en la Plaza del Agua, donde la emoción, la curiosidad y la conexión continuaron con los grupos 1 y 2, durante la observación de Júpiter, la Nebulosa de Orión y la charla de astronomía. La experiencia fue guiada a través del uso de telescopios y un relato claro y cercano, permitió el encuentro directo con los astros y reforzó el sentido profundo del astroturismo. La combinación entre divulgación científica, experiencia sensorial y un público completamente interesado dejó en evidencia que la propuesta había cumplido su objetivo desde el primer momento.

La actividad se desarrolló incluso bajo un cielo nublado. Ante la imposibilidad de observar directamente, se activó una experiencia astronómica inmersiva basada en material real captado con telescopio, garantizando la continuidad del evento. Este enfoque permitió sostener la calidad educativa, sensorial y emocional de la propuesta, evitando cancelaciones innecesarias y asegurando una experiencia memorable para el público.

La dinámica final se organizó en paralelo. Mientras un grupo participaba de la observación astronómica, el otro realizó el recorrido escultórico exterior, descubriendo las distintas obras distribuidas en el predio y finalizando en “Clamor por la Tierra” (Rayo). De este modo, la noche cerró con una despedida dinámica, integrando ciencia, arte y arquitectura en una experiencia sustentable sin dejar huella.

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